martes, octubre 21, 2003

Reforma fiscal: entre las barbaridades y las ideas

Cada vez que leo una nota sobre la reforma fiscal me dan ganas de llorar. No sé si los periodistas captan mal las ideas o si los "expertos" entrevistados no tienen idea. Esta nota ofrece un buen ejemplo.

Esta cita lo dice todo:

Teresa Aguirre, catedrática de economía de la UNAM, explicó que hasta el cuarto o sexto decil de más bajos ingresos de la población destina 80 por ciento de su ingreso al consumo, por lo que pagaría el IVA por esa parte, lo que hace una reforma fiscal muy regresiva, concentrada en los impuestos indirectos.
Por el contrario, la gente del duodécimo decil gasta 30 o 40 por ciento de su ingreso en el consumo. Sugirió ampliar la base gravable en lugar de concentrar la reforma en los impuestos indirectos.


¿Entonces los ricos ahorran el 60 o 70% de su ingreso? Claro que no. Me imagino que se refiere a medicinas y alimentos. Además: temo informar el editor/reportero que el "duodécimo decil" por definición no existe: sólo hay diez deciles.

En fin. Sostengo que el gran error que hay en torno a este debate --imperdonable en el caso del gobierno--es que lo único que se discute es la recaudación y se ignora por completo el gasto. Aplicar el IVA a alimentos y medicinas nunca va a volar políticamente, pero si los pobres pagan más impuestos (como todos los demás) y además recibén incluso más en términos de gasto social, estamos hablando de otra canción.

Lo rescatable de la nota: un académico de la UAM señala que también se deben considerar otras opciones de recaudación, incluyendo impuestos a las herencias, mayores impuestos a los bienes raíces e impuestos a las transacciones financieras. Estos últimos no tienen mucho sentido, pero los otros dos son una excelente idea (aunque un impuesto a los bienes raíces tendría que aplicarse a nivel local), sobre todo el primero.

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