viernes, abril 08, 2005

América Latina: Buenos resultados, pero.....

Según el Banco Mundial, el año pasado las economías de América Latina y el Caribe crecieron 5.7% real, uno de los mejores resultados en las últimas tres décadas. Para este año estima que crecerán 4.3% real, un resultado bastante respetable.

Sin embargo, no hay que sonar las campanas en celebración. A final de cuentas, el buen desempeño en 2004 fue precedido de tres años bastante decepcionantes. Tampoco hay que olvidar que no se ha roto la tendencia de largo plazo, que muestra que el ingreso por habitante en América Latina creció por debajo de la tasa observada en los países industrializados (cuando la teoría nos llevaría a esperar lo contrario). Según datos del venerable economista Angus Maddison, en 1900 el ingreso de las ocho principales economías de AL era equivalente al 29% del PIB por habitante de Estados Unidos. En 2001, esa proporción se ubicó en tan sólo 23%.

miércoles, marzo 30, 2005

Alan Greenspan quiere seducir a la musa de la Historia

Al igual que la gran mayoría de mis compañeros del género masculino, me gustan las fotos de mujeres semidesnudas. Pero por lo general no leo las revistas que las tienen en su portada. Sin embargo, alertado por un amigo menos pudoroso, acabo de leer un artículo en GQ sobre EL banquiero central: Alan Greenspan.

Va sin decir que en los 18 años que lleva como presidente de la Reserva Federal se han escrito incontables artículos y libros sobre él. La gran mayoría, incluyendo la nota en cuestión, concuerda con la percepción que tienen de él la mayoría de los profesionales de la economía y las finanzas: es y ha sido un muy buen banquero central. Si no recuerdo mal, Bob Woodward (famoso por reportar sobre el escándalo de Watergate) tituló su libro sobre Greenspan "Maestro".

Sin embargo, el complicado panorama económico actual puede tener un desenlace tal que Greenspan podría terminar en la columna de villanos de los libros de la historia. No es ningún secreto que muchos analistas pronostican que Estados Unidos pasará por una fuerte crisis económica como resultado de los desequilibrios incontrovertibles que actualmente muestra: una posición fiscal muy deteriorada y un gigantesco déficit con el exterior.

Regresando a la nota, lo más interesante es que su autor, Wil Hylton, presenta evidencia muy fuerte de que Greenspan llegó a acuerdos explícitos con los últimos tres presidentes estadounidenses para vincular la política monetaria con medidas en el frente fiscal. En los casos de George Bush padre y Bill Clinton, prometió reducir las tasas de interés para reactivar a la economía a cambio de promesas de elevar los impuestos para reducir el déficit fiscal. Al parecer, Bush padre se consideró traicionado: elevó los impuestos pero Greenspan tardó demasiado en empezar a bajar las tasas. Con Clinton las cosas funcionaron mejor: la mejora en la posición fiscal fue uno de los factores que detonó el gran boom económico de los noventa.

Estos acuerdos e dieron a pesar de que la Reserva Federal, en principio, goza plena independencia política. Esa independencia impide que los políticos metan su cuchara en la política monetaria, pero también requiere correspondencia: la Fed no se debe meter en asuntos políticos. Pero, como es de esperarse, las cosas no funcionan enteramente así en la práctica.

Las intervenciones políticas de Greenspan fueron, hasta ese momento, positivas para él y para su país. Hasta que llegó George Bush hijo. El actual presidente cree con toda firmeza en bajar los impuestos sin importar las circunstancias. Al iniciar su mandato en 2001, buscó convencer a Greenspan de apoyar su agenda fiscal. El presidente de la Fed, también partidario de los bajos impuestos, estuvo de acuerdo y lo afirmó en público. Esto no fue un mero acto de solidaridad ideológica: la economía estadounidense estaba al borde de la recesión ese año y requería de estímulos fiscales y monetarios para suavizrla.

Obviamente, el gran error de Greenspan fue subestimar tanto la magnitud del recorte impositivo promovido por Bush como la disposición del presidente y de los legisladores de su partido para aumentar el gasto. El resultado: déficits enormes en el presente y hasta donde alcanza la vista. Si la irresponsabilidad fiscal causa (o para ser más preciso, es una de las causas contribuyentes a) una crisis económica, la reputación de Greenspan sufrirá un enorme golpe. De hecho, algunos economistas de izquierda, como Paul Krugman, ya lo acusan de ser un mero operador político del Partido Republicano.

A Greenspan no le gustaría pasar a la historia esa manera. El señor tiene casi 80 años, así que tampoco puede aspirar a algún cargo político, por lo cual dudo que su apoyo inicial a los recortes fiscales haya tenido ese fin. En ese sentido, seguramente estará pensando en qué hacer. En sus discursos recientes ha hecho llamados para reestablecer la disciplina fiscal, sin que nadie haya hecho mucho caso. Seguramente lleverá su ofensiva a la prensa: esta nota básicamente presenta su lado de la historia y sin duda habrá más por el estilo. Habrá que ver si no hace una denuncia más fuerte de las políticas de Bush, aunque arriesgue dañar la independencia de la Reserva Federal.

lunes, febrero 28, 2005

de Soto o los dilemas del desarrollo

Hernando de Soto es, sin duda, el economista latinoamericano más célebre del mundo. Su fama se debe a una idea muy sencilla que ha promovido sin descanso: conceder derechos de propiedad a los ocupantes de los barrios informales que rodean a todas las ciudades del mundo subdesarrollado. Según él (y el sentido común), al contar con escrituras de sus terrenos y casas, estos grupos lograrán tener acceso al crédito y ese capital se puede utilizar para iniciar empresas, lo cual elevaría su ingreso y reduciría los índices de pobreza.

Es un hecho que la regularización de la tenencia de la propiedad es algo deseable en sí mismo. Pero si les suena que la receta de de Soto es simplista, tienen razón. De hecho, las limitaciones de esta idea nos pueden decir mucho sobre la persistes y complejas razones por las cuales las economías emergentes rara vez salen a la superficie.

Un buen punto de partida es este artículo publicado recientemente en Slate. El autor presenta evidencia de que los programas de escrituración en los barrios irregulares, inspirados en la teoría de de Soto, no han traído beneficios importantes. Correctamente, nota que esto se debe a que los bancos no están interesados en prestarle a los pobres, incluso con la garantía de una propiedad. Posteriormente se va por una tangente sobre cómo estos programas pueden llevar a abusos (grupos influyentes compran las propiedades a precios bajos antes de ser regularizadas).

La pregunta es: ¿por qué las propiedades regularizadas no sirven para obtener capital?

Tomaré el caso de México, que supongo es similar a la situación que prevalece en la mayoría. Los problemas que hay en mi país son:

1) El Registro Público de la Propiedad es corrupto e ineficiente. La falsificación de escrituras es común, por lo cual prevalece incertidumbre en torno a los verdaderos derechos de propiedad. De hecho, se han presentado muchos casos grandes recientemente en México (ej. Paraje San Juan) que ilustran vívidamente este problema.

2) Los costos de transacción para vener una propiedad son muy altos, en parte por el monopolio abusivo del notariado público, la ineficiencia del RPP, impuestos, etc. Esto reduce para los bancos el valor de las propiedades dadas en garantía.

3) El marco legal favorece a los deudores de forma desproporcionada. Si bien se ha presentado mejoras, para que un banco pueda tomar posesión de un terreno/vivienda, se requieren largos e inciertos procedimientos judiciales.

4) Los bancos no prestan. Dadas las condiciones anteriores y otras (como el hecho de que las propiedades en barrios periféricos tienen un valor reducido, en parte por la falta de servicios públicos adecuados), los bancos prefieren asignar sus recursos a otras actividaes. En particular, suelen estar satisfechos con funcionar como sistema de pagos e intermediarios que invierten depósitos en bonos gubernamentales. Ganan mucho haciendo esto sin tener que correr riesgos.

En otras palabras, para que la regularización de la propiedad sea útil, tienen que estar presentes toda clase de condiciones. Va sin decir que esto rara vez es el caso. De hecho, se puede decir lo mismo de todas las "recetas" presentadas en las últimas décadas para detonar el proceso de desarrollo sostenido: apertura del comercio, reducción de la inflación, etc. Todas son buenas ideas en sí mismas, pero no son suficientes.

Vaya, incluso podemos imaginar un país ideal para aplicar la receta de de Soto: buena gestión pública, baja corrupción, un sistema judicial funcional e intermediarios financieros eficientes. Uno imaginaría que un programa de regularización ofrecería altos beneficios. Quizá sea cierto, pero tiene sus límites. A final de cuentas, el principal factor que determina el ingreso de los individuos es el capital humano. Aunque un analfabeta tenga acceso al capital financiero, es poco probable que éste logre aumentar su nivel de vida sustancialmente.

miércoles, diciembre 15, 2004

El futuro del cemento y los ladrillos

Si alguien llevara a cabo una encuesta mundial que preguntara cuál es la principal asipiración financiera de las familias, sin lugar a duda "tener casa propia" ocuparía el primer lugar.

La asociación metafórica de los ladrillos y el cemento con la solidez, en todos los sentidos de la palabra, explican esta actitud. Y, de hecho, en los países para los cuales existen datos de largo plazo todo apunta a que es una inversión que arroja retornos ligeramente superiores a la inflación.

Dicho esto, es una inversión que tiene serias desventajas. Comparada con otras opciones de inversión, los costos pueden ser más altos (a las acciones no les salen goteras), la liquidez es baja y el retorno promedio deja mucho que desar, aunque a veces pueden ser muy altos. En lo personal, también dudo mucho que en términos netos los beneficios intangibles de "ser propietario", como un mayor sentido de responsabilidad cívica, sean muy válidos. (De hecho, alguna vez leí un estudio en donde se argumentó convincentemente que ser propietario de una casa disminuía la movilidad laboral geográfica, algo negativo para la economía del país y del individuo).

Como pueden ver, no soy muy aficionado a la idea de tener casa propia (aunque sí soy dueño de mi inmueble; cedí ante las inclinaciones de mi esposa, las cuales tienen una larga e interesante historia que dejaré para otra ocasión). Pero diga lo que diga, es el principal activo familiar en casi todo el mundo.

Para los dueños, sobre todo en los países que registran una fuerte y prolongada apreciación inmobiliaria (RU, España, Australia, EUA, etc.), existe el dilema de qué hacer cuando se sospecha que los precios de las casas pueden empezar a bajar, una posibilidad muy real. Fuera de vender y rentar en otro lugar, no hay defensa.

Por eso es tan interesante el producto que promueve el distinguido economista Robert Schiller. Se trata de futuros (como los de petróleo, pancitas de puerco, etc.) ligados a índices locales de precios de casas, que permitirán cubrirse contra caídas en los precios de los inmubles o apostar a favor de ellos (habrá un futuro estándar y un "espejo" basado en el inverso del índice en cuestión). De hecho, Schiller desde hace tiempo ha tenido la idea de vender productos similares ligados a variables como el nivel de empleo, el PIB, etc. que permitirán a las personas cubrirse contra riesgos que afectan al activo más importante, aunque intangible: su capital "humano".


martes, diciembre 07, 2004

Crónica de una devaluación anunciada

Sí, me refiero al dólar. Por mi lado, tengo poco que agregar, pero he encontrado algunos análisis interesantes en mis rondas:

+Andy Xie, de Morgan Stanley, señala que el meollo del problema es que EUA debe ahorrar más y, por ende, depender menos del capital extranjero para financiar sus necesidades de inversión. Para lograr este objetivo, se requiere un alza en las tasas de interés, las cuales incentivan el ahorro directamente y disminuyen la propensidad de consumo de forma indirecta (vía efectos de riqueza: un alza en las tasas tiende a reducir el valor de activos como acciones, bonos de largo plazo y bienes raíces). La depreciación del dólar es un medio para subir las tasas, aunque muy indirecto (vía un alza en la inflación) y, dado el limitado papel del comercio externo en la economía de Estados Unidos, no muy eficaz (en otras palabras, se requiere una depreciación masiva para que ésta tenga efectos notables). Por tanto, argumenta que los países asiáticos deben cambiar la composición de sus reservas internacionales, vendiendo los bonos de largo plazo y pasando ese dinero a papel de corto plazo. Esto elevaría las tasas en EUA sin que el dólar tenga que pasar por un ajuste extremo y desestabilizador.

+Para Europa, la caída del dólar representa un serio problema, dado que las exportaciones de la zona euro son equivalentes a casi el 40% de su PIB. Para compensar el golpe que la apreciación del euro propinará al sector exportador, se requiere un alza en el consumo privado. Pero esto será difícil al menos que se lleven a cabo reformas para liberalizar los mercados laborales y reducir las altísimas tasas de desempleo.

+Ken Rogoff y Maurice Obstfeld publicaron recientemente un estudio sobre el tema del déficit externo de Estados Unidos. Es interesante porque describe cómo funcionaría la mecánica de dicho ajuste. The Economist presentó un buen resumen (se requiere suscripción) del mismo. Cito las partes más relevantes:

Many economists try to estimate how much the dollar needs to fall in order
to eliminate or at least to reduce the current-account deficit. But Mr Obstfeld
and Mr Rogoff argue that such analysis is flawed. America's current-account
deficit reflects inadequate domestic saving. Cutting it therefore requires that
American saving rises or that demand in the rest of the world increases. A fall
in the dollar would be a by-product of this adjustment. But without an increase
in saving, even a big fall in the dollar would make only a small dent in
America's current-account deficit.
The two economists assume that the current-account deficit shrinks as a result either of increased saving by American households (because, for instance, the country's house-price boom ends)
or of a strengthening of demand in Asia and Europe. Then, using a model of the
global economy, they focus on the changes in relative prices of traded and
non-traded goods needed to ensure that demand matches supply in domestic product
markets as the current-account deficit narrows.
According to conventional wisdom, a weaker dollar reduces the trade deficit by boosting American exports. That is true, but Mr Obstfeld and Mr Rogoff argue that the main pressure for a
fall in the dollar comes instead from the need to encourage Americans to consume
fewer traded goods (ie, both imports and goods that could be exported) and to
buy more non-traded goods and services. If the current-account deficit is
reduced through an increase in household saving, spending on non-traded as well
as traded goods will drop. To maintain equilibrium in domestic markets and to
prevent a rise in unemployment, the consumption of non-traded goods needs to
rise relative to that of traded goods. This in turn requires a decrease in the
relative price of non-traded goods. This means that the dollar's real exchange
rate must fall.
From this way of viewing the likely fall in the dollar, the substitution of American for foreign traded goods is less important than of non-traded for traded goods. But because traded goods account for only around 25% of America's GDP, the current-account deficit of 5-6% of GDP amounts to an
enormous 20-25% of traded-goods production. Thus closing the external deficit
while maintaining domestic equilibrium requires a big change in the relative
price of non-traded versus traded goods, and therefore in the exchange rate.

martes, noviembre 30, 2004

El dólar y la economía mexicana

El tema du jour es qué va a pasar con el dólar. Si bien la moneda estadounidense ya acumulaba una caída de más de 30% en los últimos tres años ante las principales divisas de reserva, la reelección de George W. Bush y la perspectiva de otros cuatro años de locura fiscal está propiciando un aceleramiento en el ajuste del dólar.

Ya conocen la letanía: Estados Unidos tiene un déficit con el exterior de casi 6% del PIB, un nivel muy alto que refleja la diferencia entre el gasto y el ingreso nacional (o entre la inversión y el ahorro doméstico). Este hoyo tiene que ser tapado con flujos de capital del exterior y los extranjeros ya no creen que Estados Unidos seguirá presentando las mejores cifras de crecimiento del mundo industrializado. Ergo, no seguirán enviando tanto dinero y el dólar tendrá que caer. Stephen Roach, de Morgan Stanley, predica este sermón cada semana.

Este seguramente será el tema que dominará la discusión en este ámbito por mucho tiempo. Y créanme que no tiene nada de sencillo. Lo abordaré a detalle en las próximas semanas.

Por lo pronto, ¿cómo afectaría una caída del dólar a la economía mexicano? Aquí está mi primer intento para responder esta pregunta. En general, el diagnóstico no es favorable.

Una caída del dólar implica alzas en las tasas de interés y un desaceleramiento (o incluso contracción si las cosas se salen de control) del consumo en ese país. Eso por definición tiene un impacto negativo en las exportaciones mexicanas, pase lo que pase con el peso (en realidad, los movimientos cambiarios inciden muy poco en las exportaciones nacionales).

Lo único que podría amortiguar este golpe sería aprovechar el otro lado de la moneda: la apreciación del yen, del euro y similares. Desafortunadamente, no veo que México se pueda beneficiar mucho. Las exportaciones a Europa y Japón apenas representan el 5% del total, por lo que incluso si asumimos un fuerte crecimiento (cosa que no se ha dado en los últimos tres años pese a la ya considerable apreciación de esas divisas) tardará años en tener un impacto notable. Tampoco hay muchas perspectivas de que las empresas de esos países utilicen a México como plataforma para exportar a EUA.

En el ámbito financiero, cabe recordar que casi toda nuestra deuda extranjera está en dólares, por lo cual resentiremos cualquier alza en las tasas de interés estadounidenses. Asimismo, es en extremo improbable que los flujos dirigidos a EUA actualmente se transfieran a México u otros países emergentes.

En resumen, la caída del dólar representa malas noticias para México. Si a esto añadimos nuestro teatro del absurdo en la arena política, los próximos dos años podrían resultar más complicados de lo que están tomando en cuenta los precios de los activos financieros mexicanos.

sábado, noviembre 27, 2004

Sigo vivo en el país del realismo mágico.

Una carga de trabajo inhumana de trabajo me impidió escribir. Pero también he de admitir que mis ánimos han estado decaídos por la situación en México.

El lío en torno al presupuesto de 2005 influye. Puedo resumirlo de forma sencilla: el legislativo, controlado por la oposición del PRI y el PRD, se unió para aprobar un presupuesto al que se opone el gobierno.

Este presupuesto, obviamente, es favorable políticamente para la oposición: aumenta las transferencias a los estados (que son las bases del poder del PRI y PRD), los cuales son financiados con recortes al gasto del gobierno federal. Hasta aquí, nada nuevo: es algo que se puede ver en todo país democrático (basta recordar las batallas presupuestales del presidente Clinton con el Congreso controlado por los republicanos).No obstante, parece que los recortes le pegarán a programas federales útiles y todo aumento en el gasto con fines electorales necesariamente implica un alto grado de desperdicio, lo cual es lamentable.

Sin embargo, el verdadero significado radica en dos puntos. En primer lugar, resulta que --a diferencia de todas las demás leyes--el presidente no puede vetar el presupuesto. Esto implica un grave desequilibrio en la división de poderes y, como tantas cosas, confirma el nefasto legado de siete décadas de gobiernos del PRI: la constitución tiene esta laguna porque bajo el viejo régimen era incocebible que la Presidencia y el Congreso estuvieran controlados por partidos distintos. El presidente afirma que va a impugnar el presupuesto: no queda claro cómo ni qué resultado habrá. En segundo lugar, augura que el combate en torno al presupuesto será, literalmente, sanguinario en 2005, ya que será el último presupuesto antes de las elecciones de 2006.

Va sin decir que es lo que menos necesita el país. En el ámbito económico, 2005 empieza a dar miedo por una sencilla razón: es posible que Estados Unidos, nuestro motor económico, presente una crisis en su moneda que llevaría a una baja en su consumo y un alza en sus tasas de interés, lo cual nos podría pegar muy duro.

Pero esto no es lo peor. Lo que realmente me deprimió fue el linchamiento de 3 policias en un barrio de la Cd. de México (ver nota). Ni las autoridades locales ni las federales levantaron un dedo para impedirlo, pese a que todo se transmitió en vivo por la televisión y la turba sabía que eran policías. No es la primera vez que algo similar sucede y hasta ahora todos los linchamientos han quedado impunes.

Esto ilustra lo que es México hoy: un país en donde los gobiernos no están dispuestos a recurrir al uso legítimo de la fuerza, un país sin ley y un país sin la mínima rendición de cuentas (ningún alto funcionario ha sido cesado y seguramente sólo habrá chivos expiatorios de nivel bajo).

Sí, México es un país donde impera el realismo mágico; lo malo es que es magia negra....

Reitero mi pronóstico pesimista: este país requiere reformas a fondo, pero no veo cómo se van a aprobar sin una crisis de grandes dimensiones.

Ojalá me equivoque.



miércoles, noviembre 17, 2004

Cuando los tomates atacan....

En Norteamérica, nuestra verdura favorita está causando estragos. Afortunadamente, no están atacando inocentes en las calles. Más bien, el problema es que escacean y no es asunto menor.

Como resultado de las lluvias en California, los huracanes en Florida y las plagas en México, hay pocos tomates (jitomates en mexicano) y su precio está al doble de su nivel habitual. Esto afecta a todos, desde los propietarios de restaurantes hasta los banqueros centrales.

En Estados Unidos, la escacez de tomates está forzando a diversos restaurantes a alterar sus menús e incluso sus recetas (ver esta nota).

Pero eso no es nada comparado a los problemas observados en México. En este país, los hogares destinan el 0.5% de su gasto a la compra de tomates frescos, cuyo precio aumentó 62% en los últimos 12 meses. Eso implica que por sí mismos, añadieron 30 puntos básicos (0.3%) a la inflación en este periodo, que llegó a 5.4% en total, comparada con la inflación de 4% observada en 2003.

De hecho, Gray Newman, un economista de Morgan Stanley, señala que los tomates, junto con la carne y los huevos (cuyo precio también se disparó por el cierre sanitario/proteccionista de muchas importaciones a principios de año), explican casi todo el aumento en la inflación mexicana. No es un asunto trivial: el alza en la inflación ya empujó a las tasas de interés de cerca de 5% el año pasado a 8% actualmente.

Vaya que esto es suficiente para quitarle el apetitdo a cualquiera.

Problemas técnicos

Durante cinco días experimenté una sensación extraña: estar fuera de línea. Vaya que se siente como si a uno le hubieran amputado algo. No fue parte de un ejercicio zen para reencontrarme conmigo mismo. Mi #$(/%) ISP presentó una "falla catastrófica". Me alegra estar de vuelta.

martes, noviembre 09, 2004

la solución de los 150 mil millones de dólares

Ese es el monto de asistencia que deben recibir cada año los países más pobres para alcanzar las Metas de Desarrollo del Milenio, según Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la Universidad de Columbia. Este artículo ofrece un buen resumen de sus argumentos.

Nadie duda que los países más pobres requieren ayuda para salir adelante. Incluso 150 mil millones de dólares no me parece un monto excesivo. La pregunta es cómo evitar que esa enorme suma no termine depositada en las cuentas bancarias de los diversos déspotas, tiranos, generales y burócratas que controlan esas naciones. Sachs afirma que, tomando en cuenta diversos factores, los países más pobres no están particularmente mal gobernados y sus necesidades son tan apremiantes que es mejor arrancar desde ahora.

Yo no estoy tan convencido. En realidad, no veo cómo esos países lograrán salir adelante sin una suerte de "neocolonialismo". Antes de que reciba amenazas de muerte, déjenme explicar. Ni yo ni nadie quiere un regreso a los viejos malos tiempos de dominación por la misma dominación/explotación. Pero al mismo tiempo es un tanto ilusorio pensar que todos los países más humildes tienen la capacidad para salir de su abyecta condición. Vamos, Haití lleva más de 200 años de independencia y miren cómo sigue. De alguna forma, se deben establecer las condiciones e instituciones básicas para que pueda funcionar un país. En un estado fracasado, es algo que requiere de cierta injerencia externa. Puede ser la ONU, como sucedió en Timor del Este, o una coalición de gobiernos con ONG. Tras cumplir ciertas metas explícitas, permitirían un mayor control nacional.

Claro, es una idea difícil y utópica. Pero a la larga no veo otra opción, sobre todo tomando en cuenta el espantoso costo humano de dejar abandonados esos países a sus élites rapaces y los problemas que esos países causan a toda la comunidad internacional (refugios para terroristas y criminales, enfermedades, etc.).

lunes, noviembre 08, 2004

¿Deprimidos por otros cuatro años de Bush?

Después de una de las elecciones más intensas de la historia, muchas personas en EUA y en el resto del mundo están deprimidas ante la perspectiva de otros cuatro años de gobierno de George W. Bush. Según mis lecturas recientes, tienen varias opciones para sobrevivir los próximos cuatro años. Las tres más interesantes:

1. Emigrar: Los estadounidenses que aborrecen a Bush naturalmente piensan abandonar el país. Canadá es la opción natural, pero al parecer no es tan sencillo como generalmente se supone.

2. Fusión con la madre patria: A los británicos no les interesa mucho seguir en la Unión Europea y su filosofía política está más a la izquierda que la del estadounidense promedio. Para un liberal estadounidense, incorporar al RU como parte de EUA es una idea que tiene sus méritos.

3. Tomarlo con filosofía: Muchos comentaristas han señalado que el único aspecto posivito de la reelección de George W. Bush es que sus ruinosas políticas se desenvolverán hasta su trágico fin (aquí hay un buen ejemplo). Eso abrirá el paso para que en 2008 una opción más pasable sea electa (con la desventaja de que mientras todos sufriremos las consecuencias). En cambio, si Kerry hubiera ganado, los republicanos hubieran saboteado su gobierno (controlan el legislativo), lo cual permitiría que en cuatro años otro ultraderechista mesiánico retomara los planes incompletos de Bush.

sábado, noviembre 06, 2004

¿Se privatizará a Pemex?

En un México distraído por su habitual circo político, paso casi inadvertida esta impactante noticia. Resulta que un subsecratario de Hacienda (viceministro del Tesoro) afirmó que el gobierno está preparando la venta de acciones de Petróleos Mexicanos (PEMEX), el monopolio estatal de petróleo y gas, para financiar sus gastos de inversión sin aumentar su enorme deuda.

Hay dos reacciones posibles.

La primera: ¿qué sustancia prohibida están fumando en el gobierno? A final de cuentas, la constitución estipula que PEMEX es propiedad de la nación, por lo cual vender acciones requeriría enmendar la constitución. Para un gobierno que en cuatro años no ha logrado que el legislativo apruebe reformas mucho menos trascendentes que ésta, suena como misión imposible, sobre todo ahora que estamos a menos de dos años de la próxima elección presidencial.

La segunda: ¿quién en su sano juicio compraría acciones de PEMEX? La lista de contras es enorme. Tiene 140,000 trabajadores, el doble que ExxonMobil (la petrolera privada más grande del mundo), representados por un sindicato corrupto y truculento. El gobierno confisca básicamente todas sus ganancias (aunque una reforma reciente podría mejorar esto un poco). Para financiar sus inversiones requiere contratar deudas, las cuales suman US$37 mil millones (más del doble comparado con su nivel hace 5 años). Además, tiene un pasivo de pensiones no fondeado de casi US$30 mil millones. En resumen, no hay ni la más remota posibilidad de que los accionistas reciban un centavo en su vida si invierten en acciones de PEMEX.

Quizá el gobierno de Vicente Fox haya perdido total contacto con la realidad en este caso. No sería la primera vez. O quizá la Secretaría de Hacienda sólo estaba lanzando un "globo de prueba" para ver la reacción. A final de cuentas, nunca han ocultado que consideran que el modelo a seguir para PEMEX es Petrobras, la empresa estatal de energía de Brasil que tiene capital mixto.

No sé. Quizá estén pensando en crear un instrumento híbrido para ir tentando las aguas y acostumbrar al público a la idea de eventualmente privatizar parcialmente a PEMEX. Una forma de hacerlo sería crear un fideicomiso a dónde fluirían parte de los ingresos de PEMEX, para después vender los derechos patrimoniales de ese fideicomiso al público inversionista (mexicano). Esto, en efecto, sería como una acción y seguramente se tendrían que dar términos favorables para tentar a los inversionistas. Como no soy abogado, es difícil saber si este esquema es constitucionalmente kosher. Francamente, lo dudo y como mínimo estaría sujeto a cuestionamientos juidiciales. Además, la verdad sería más fácil y sencillo vender deuda que acciones.

Conclusión: Anótenme en la columna de los muy escépticos. La venta de acciones o pseudoacciones de PEMEX se antoja casi imposible, al menos que el gobierno tenga un as bajo la manga que desconozco. Además, no sería una medida muy útil o deseable, ya que distraería al gobierno y a los legisladores de las reformas requeridas. Lo que PEMEX necesita es una reforma que reduzca su carga fiscal de forma importante (lo cual, a su vez, requiere una reforma fiscal para el gobierno que aumente sus ingresos tributarios para suplir el dinero que ahora aporta PEMEX, que suma más de 30% del presupuesto) y una profunda reforma administrativo-laboral para desaparecer al ejército de trabajadores superfluos y minar a su abominable sindicato.

viernes, noviembre 05, 2004

Los economistas hablan

Los economistas bajaron de la montaña y nos dicen que no ven cómo George W. Bush puede poner en práctica su agenda económica para su segundo periodo (ver la nota previa) sin que las finanzas públicas de Estados Unidos terminen como las de Argentina. En esencia, todas las propuestas macro de Bush implican una caída en los ingresos gubernamentales y todos los analistas concuerdan que no tiene la más mínima restricción de controlar (y mucho menos reducir) el gasto gubernamental para mantener el equilibrio.

Este indispensable artículo de Sebastian Mallaby resume las opciones que enfrenta Bush, así como su impacto. Por su parte, Stephen Roach discute las implicaciones de la agenda de Bush para la economía mundial.

Lo más interesante es que ambos concuerdan que la única forma en que la agenda de reducción de impuestos y reformas/privatización a la seguirdad social de Bush podría funcionar es si lograra elevar sustancialmente el ritmo de crecimiento de Estados Unidos. Esto permitiría que los déficits, como proporción del PIB, se mantengan en un rango razonable. Sin duda, esta es la lógica de Bush y sus asesores.

Pero es muy, muy poco probable que esta apuesta funcione. Mallaby argumenta que las propuestas de Bush en efecto podrían elevar la tasa de crecimiento de la economía, pero el impacto sería muy reducido. Por su parte, Roach señala que para que acelerar el crecimiento se requerirían tres condiciones: la productividad laboral en EUA tendrá que mantener su alto ritmo de crecimiento, los extranjeros deberán seguir financiando los déficits estadounidenses y Bush también tendría que promover el crecimiento por otros medios, como una mayor liberalización del comercio exterior. Sin embargo, considera que no son supuestos muy realistas y que, de hecho, esta estrategia corre el riesgo de ser contraproducente.

Estas palabras de Mallaby me dejaron frío:

Even if you assume improbable amounts of political courage in a second Bush
term, the chances that the administration could come up with something dramatic
enough to forestall fiscal disaster are between modest and zero.

The basic premise of the tax cuts--that the size of government can and should be
contained--is ahistorical and wrong. Ahistorical, because government's share of
GDP has in fact grown steadily as societies have grown richer over the past
century. Wrong, because government in the age of the baby bust is going
inevitably to grow. Bush has failed to understand where history is headed, and
history will judge him harshly for it.


jueves, noviembre 04, 2004

Cuatro años más de Bush

Como habrán notado, en los últimos meses casi no escribí nada sobre las elecciones en EUA. No dudo su trascendencia. Pero, a diferencia de los noventa, el tema de la economía brilló por su ausencia. Claro, Kerry criticó a Bush por su irresponsabilidad fiscal y por el deterioro en el mercado laboral que se presentó en los últimos cuatro años. Por su parte, Bush respondió que sus recortes a los impuestos --su principal política económica--estimularon a la débil economía que heredó. Sin embargo, todo parece indicar que otros temas, como los "valores morales" y el terrorismo, fueron mucho más importantes para los electores.

¿Y ahora qué podemos esperar en los próximos cuatro años? Como bien describe esta nota, las prioridades de Bush en su segundo periodo presidencial serán:

1. Hacer que los recortes impositivos "temporales" aprobados en años recientes se vuelvan permanentes.
2. Simplificar el régimen de impuestos, lo cual implica sustituir gradualmente el impuesto sobre la renta por un impuesto al consumo
3. Privatización parcial de la seguridad social y del financiamiento estatal de la salud.
4. Reformas legales para limitar los daños concedidos en demandas judiciales.

A primera vista, parece una agenda ambiciosa. Pero en la práctica, sólo el punto (1) y, quizá, el (4) tienen muy altas probabilidades de ser aprobados. Respecto al punto (2), sería un paso sin precedente y es dudoso que incluso la derecha dura tenga las ganas de luchar por una medida que será muy, muy poco popular, incluso entre los electores conservadores.

Cierto, la idea de sustituir al complicado e ineficiente ISR por una suerte de IVA tiene muchos méritos prácticos. Además, se puede hacer un buen argumento de el gasto es un mejor instrumento para redistribuir el ingreso que los impuestos. Sin embargo, la redistribución vía gasto es menos "visible" que el pago de impuestos, por lo cual la viabilidad política de esta idea es casi nula. Además, es probable que la transición de un régimen fiscal a otro reduzca los ingresos, por lo menos en el corto plazo.

Respecto al número 3, la privatización de la seguridad social, tanto en el ámbito de pensiones como de gastos médicos, también tiene sus puntos a favor. Sin embargo, en un país demográficamente maduro como EUA, pasar del régimen actual (los beneficios de los jubilados son pagados por las aportaciones actuales de los trabajadores) a uno basado en cuentas privadas individuales (cada quien ahorra para su retiro y gastos médicos) implica altos costos iniciales, conocidos como gastos de transición, aunque a la larga probablemente el país ahorre dinero. Esta nota ofrece una discusión interesante de los puntos a favor y en contra.

En resumen, las principales propuestas (1 a 3) de Bush implicarían costos para el gobierno. Si éste partiera de una fuerte posición fiscal, bien podría asumir esos costos para obtener beneficios a largo plazo. Pero la realidad es que el gobierno estadounidense enfrenta un déficit cercano al 4% del PIB, el cual tenderá a ampliarse en la medida en que el gasto gubernamental subirá con el envejecimiento de la población. Además, en materia de gasto, los hechos confirman que Bush no tiene la más mínima disciplina.

Hasta ahora, el deterioro fiscal no se ha reflejado en las tasas de interés. Pero si Bush promueve cualquiera de sus iniciativas sin hacer un esfuerzo creíble para reducir el gasto gubernamental, es muy probable que las tasas se disparen y se detone un ciclo vicioso. De hecho, el simple hecho de hacer permanentes los recientes recortes a los impuestos minará lentamente la solvencia financiera del país sin una reforma en el gasto.

¿Prevalecerá esta prudencia mínima? No sé. El Partido Republicano tiene una mayoría incluso mayor en el legislativo que en el primer periodo de Bush y tampoco han sido paragones de la responsabilidad fiscal. Eso podría tentarlos a impulsar estas iniciativas sin un cambio en el patrón del gasto, con resultados que sólo pueden ser negativos en el mediano y largo plazo.

Visto de esta forma, no hay motivos para ser optimistas en el ámbito de la macroeconomía estadounidensia. En el plano micro, Bush ha probado ser, en el mejor de los casos, un presidente muy indiferente al libre comercio (recordemos que impuso fuertes tarifas al acero y los textiles y no ha hecho mucho para promover la ronda de Doha) y un amigo de los subsidios.






martes, noviembre 02, 2004

La bolsa mexicana en octubre

En octubre, el mercado mexicano subió 5.5%, uno de los mejores resultados en todo el mundo. Para quienes seguimos las vicisitudes de la bolsa, esto parece un tanto extraño, ya que a final de cuentas el entorno macro nacional e internacional trajo buenas noticias: tasas de interés al alza, crecimiento decepcionante en EUA, etc.

Lo que el resto del mundo no sabe es que tenemos un arma secreta: América Móvil. Esta empresa de telefonía celular, que domina en México y tiene fuertes inversiones en Sudamérica, representa directa e indirectamente el 20% del IPyC, el principal índice bursátil mexicano. En octubre, sus acciones subieron 14%, con lo que acumula un alza de 65% en el año (y en 2003 subió más de 100%). Es un hecho que más de la mitad de la ganancia del mercado mexicano el mes pasado fue producto del desempeño de esta empresa. (Para contar con un panorama más completo del desempeño reciente de la bolsa mexicana, consulten mi más reciente artículo).

Esto ilustra la gran diferencia entre los mercados "desarrollados" y los "emergentes". En los primeros, incluso las empresa smás grandes en términos de valor de capitalización tiene un peso bajo en los índices; en los emergentes, básicamente determinan qué sucede.